El cuento de la mujer de Bath .

21 May


Ahora bien; dices que soy fea y vieja. En ese caso no temas ser cornudo, pues (¡así medre yo!) la fealdad y la vejez son grandes guardianes de la castidad. Pero, sin embargo, como sé lo que constituye tu deleite, yo satisfaré tu humano apetito.”Elige ahora -continuó ella— una de estas dos cosas: o tenerme fea y vieja hasta que yo muera, siendo para ti humilde y fiel esposa, y no desagradándote jamás en toda mi vida, o, por lo contrario, tenerme joven y hermosa, y correr la aventura de la concurrencia que acudiría a tu casa, o tal vez a algún otro lugar. Escoge, pues, tú mismo lo que te plazca.

El caballero meditó, y suspiró dolorosamente; mas al cabo dijo de esta manera:-Señora mía y amor mío y esposa queridísima: yo me pongo bajo tu discreta autoridad; elige tú misma lo que haya de ser más agradable y más honroso para ti y para mí. Yo no me preocupo de cuál de las cosas, pues la que tú quieras me satisfará.-¿Entonces he conseguido yo el dominio sobre ti –dijo ella-, toda vez que puedo elegir y mandar como me plazca?-De verdad que sí, esposa -dijo él—; yo lo considero como lo mejor.-Bésame -insistió ella—; no estemos más tiempo enojados, pues, a fe mía, yo seré para ti las dos cosas, es decir, hermosa y buena a la par, sin duda alguna. Pido a Dios que yo muera loca si no soy para ti tan buena y fiel como jamás fue ninguna mujer desde el principio del mundo. Y si yo no soy mañana tan hermosa de ver como dama alguna, emperatriz o reina, que exista desde el oriente al ocaso, dispón de mí vida y muerte enteramente a tu arbitrio. Levanta la cortina y mira. Y cuando el caballero vio que era, en realidad, tan bella y tan joven, en su alegría la tomó en sus brazos, sumergido su corazón en un baño de felicidad, y la besó mil veces seguidas. Y ella le obedeció en todo lo que podía proporcionarle placer o deleite. Así vivieron ambos en perfecto gozo hasta el fin de sus días.

Y Jesucristo nos envíe maridos sumisos, jóvenes y vigorosos en el lecho, así como la gracia de sobrevivir a aquellos con quienes nos casamos. También ruego a Jesús abrevie la vida de los que no quieren ser gobernados por sus mujeres; y a los viejos regañones, y tacaños en sus gastos. Dios les mande pronto una buena maldición. Aquí termina el cuento de la mujer de Bath .

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