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Versace en París, pasarela Otoño – Invierno 2012/2013.

20 Ago


Hay estancias y lugares que no se vuelven a pisar por el miedo de revivir recuerdos demasiado fuertes e, incluso, por si uno se encuentra con un fantasma. El 15 de julio se cumplirán 15 años de la muerte de Gianni Versace y el 31 de julio se cerrará el hotel Ritz de París durante dos años para remodelarlo y adaptar sus 114 años de historia al nuevo signo de los tiempos. En la piscina del Ritz se celebraron los que fueron, probablemente, los desfiles más memorables de Alta Costura de Versace. Y allí fue donde Donatella decidió ayer volver a entrar, aún con el temor de experimentar toda la energía con la que sin duda su hermano dejó cargada la estancia.

La percepción esotérica o sobrenatural no es caprichosa.
Sobre los vestidos de esas mujeres que Donatella viste como si fueran mujeres mitológicas había bordados con símbolos reinterpretados –“un ejercicio de reconstrucción y deconstrucción a través de los ojos de Pablo Picasso”, según ella– de cartas del tarot. Cada pase de los 26 trajes que componen la colección de Atelier Versace podría ser interpretado como una tirada de cartas del destino; la simbología del tarot estaba bordada e impresa en todos ellos, aunque de un modo abstracto: la luna, el sol, las estrellas, los definitorios números romanos que marcan cada carta.



La incertidumbre o el temor por el destino lo contrarrestaba la actitud de las modelos. Las mujeres de Donatella Versace son amazonas; tan poderosas, guerreras y determinadas que con cada paso parecen sacudir la pasarela. La mirada de Lindsay Wixson, de Kasia Struss y de Anna Selezneva transmite una fuerza descomunal que emana de los vestidos que Costura que llevan. Larguísimos vestidos de seda que flotan al andar y dejan ver piernas perfectas –y que, sin duda, serán elegidos para pisar las futuras alfombras rojas y que inspiran al momento nombres como el de Beyoncé o Blake Lively–; otros muy cortos y ultra ceñidos con texturas que mezclan la silicona y la malla metálica con colores.

El cuento de la mujer de Bath .

21 May


Ahora bien; dices que soy fea y vieja. En ese caso no temas ser cornudo, pues (¡así medre yo!) la fealdad y la vejez son grandes guardianes de la castidad. Pero, sin embargo, como sé lo que constituye tu deleite, yo satisfaré tu humano apetito.”Elige ahora -continuó ella— una de estas dos cosas: o tenerme fea y vieja hasta que yo muera, siendo para ti humilde y fiel esposa, y no desagradándote jamás en toda mi vida, o, por lo contrario, tenerme joven y hermosa, y correr la aventura de la concurrencia que acudiría a tu casa, o tal vez a algún otro lugar. Escoge, pues, tú mismo lo que te plazca.

El caballero meditó, y suspiró dolorosamente; mas al cabo dijo de esta manera:-Señora mía y amor mío y esposa queridísima: yo me pongo bajo tu discreta autoridad; elige tú misma lo que haya de ser más agradable y más honroso para ti y para mí. Yo no me preocupo de cuál de las cosas, pues la que tú quieras me satisfará.-¿Entonces he conseguido yo el dominio sobre ti –dijo ella-, toda vez que puedo elegir y mandar como me plazca?-De verdad que sí, esposa -dijo él—; yo lo considero como lo mejor.-Bésame -insistió ella—; no estemos más tiempo enojados, pues, a fe mía, yo seré para ti las dos cosas, es decir, hermosa y buena a la par, sin duda alguna. Pido a Dios que yo muera loca si no soy para ti tan buena y fiel como jamás fue ninguna mujer desde el principio del mundo. Y si yo no soy mañana tan hermosa de ver como dama alguna, emperatriz o reina, que exista desde el oriente al ocaso, dispón de mí vida y muerte enteramente a tu arbitrio. Levanta la cortina y mira. Y cuando el caballero vio que era, en realidad, tan bella y tan joven, en su alegría la tomó en sus brazos, sumergido su corazón en un baño de felicidad, y la besó mil veces seguidas. Y ella le obedeció en todo lo que podía proporcionarle placer o deleite. Así vivieron ambos en perfecto gozo hasta el fin de sus días.

Y Jesucristo nos envíe maridos sumisos, jóvenes y vigorosos en el lecho, así como la gracia de sobrevivir a aquellos con quienes nos casamos. También ruego a Jesús abrevie la vida de los que no quieren ser gobernados por sus mujeres; y a los viejos regañones, y tacaños en sus gastos. Dios les mande pronto una buena maldición. Aquí termina el cuento de la mujer de Bath .

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